Hay un cierto peligro en las ilusiones.
Un sueño puede ser como un miedo que paraliza. Analizamos los escenarios, todas las bifurcaciones. Esbozamos una sonrisa al serpentear la ladera de cada posible sí. Temblamos ante la incertidumbre de los no que titilan con su brillo de neón como en medio de una calle llena de restaurantes, cabarets, clubes nocturnos y otros antros pecaminozos que con sus letreros rutilantes nos invitan a un tentador fiasco. Nos dejamos resbalar sobre ese callejón de luz. Lloramos amargamente. Nos consolamos con una copa.
El ensueño es un indudable narcótico. Navegamos en ese piélago de sensaciones virtuales, sentimos un beso furtivo, una caricia, una risa que atraviesa la noche como un relámpago, una bocanada de mar y sol que viene de sotavento. Nos quedamos adormecidos navegando contra corriente a los pies de un estuario majestuoso que contiene en su embudo un pequeño caudal de maravillas. Nos asimos con fuerza hacia la vegetación infinita que se pierde en el fondo como un punto angosto, inalcanzable. Las aves aterrizan de vez en cuando y al tomar vuelo en su paso migratorio nos dejan la plenitud de una duda. Abrimos los ojos, nos caemos de la cama.
Chocamos contra la vida real. Los pies sobre la tierra. No hay piélago infinito bajo el cielo de la risa y el beso furtivo. Encontramos un cielo húmedo de calima y llovizna. Ua simple calle llena de transeuntes grises y cansados. De hombres de negocios, de trabajadores con sus maletines a cuestas. Navegamos contra esa corriente de brazos, contra ese remolino de gritos. Corremos a tomar el próximo autobús. Nos refugiamos en el pequeño ostracismo de nuestra alcoba. Lloramos, lloramos mucho. Nos consolamos con una copa.
Iniciamos una vez más ese infinito ciclo migratorio de nuestros sueños.
Iniciamos una vez más ese infinito ciclo migratorio de nuestros sueños.
Tememos, de verdad tememos.
Nos aterroriza escapar de ese círculo, nos paraliza la idea de volar en ese piélago infinito, no podemos soportar que un simple y maldito sueño pueda hacerse realidad.
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