Luis no puede mirar a los ojos a las personas. Se retrae en las reuniones, guarda silencio. Calcula posibles jugadas, frases mordaces. Se ríe a sus adentros de los malos chistes del típico amigo de todos que quiere comérsela con sus bromas pesasdas.
Luis se centra en su pasapalo, en su refresco, en su porción de torta. Trata de hacerse el paisa pero se harta de los chistes internos de los compañeros de oficina que tienen varios años trabajando juntos y se la pasan rumbeando, yendo a la playa, haciendo choripanadas y demás eventos sociales que son inentendibles y fatuos. Él siempre es nuevo en todas partes, no tiene el número de teléfono de nadie, no conoce nada de ninguna otra persona.
Luis tiene cierto resentimiento hacia algunos comentarios de esa gente gloriosamente pura e impoluta que etiqueta a los demás con tanta facilidad. Piensa qué bolas, no se dan cuenta de la verdad, de lo difícil que es acercarse, decir ciertas cosas. De lo imposible que es poder invitar a la muchacha de al lado a una copa, de decir lo bueno que es cada uno. Qué bolas esas personas que Luis admira son las que más etiquetan. Y aparece el desencanto hacia la humanidad. Lo difícil que es mirar a los ojos, decir buenos días.
Luis hace un intento desesperado en centrarse un poco más en las personas, en intentar capturar esa breve hipocresía de las relaciones sociales. Pero eso lo hace odiar cada vez más a la humanidad.
Luis hace un intento desesperado en centrarse un poco más en las personas, en intentar capturar esa breve hipocresía de las relaciones sociales. Pero eso lo hace odiar cada vez más a la humanidad.
Luis se ha hecho esta teoría: él cree que tiene alguna forma de autismo, quizás de síndrome de Asperger, pero definitivamente, Luis no se siente bien compartiendo con las personas.
Luis prepara su venganza. Quiere ver sangre.

4 comentarios:
El pana Luis no tiene autismo, ni ningún problema real, nada que no le suceda a todos en cierto grado.
El pana Luis sólo tiene que aprender a detener el pensamiento; observarse nada más, sin juzgar. Es esclavo de su cerebro, de sus hábitos, de su pasado.
Luis intenta mirar a los ojos de alguien, pero sólo mira a través de su propio pasado... Sí, es imposible así.
No se puede mirar a nadie sin ver lo que uno mismo es.
No se mira a nada ni a nadie sin pasar primero por lo que uno mismo CREE que es.
"Luis", no te dejes vencer por la negatividad. Sabes que muchos te apreciamos a pesar de que trates de enconcharte en esa imagen que te has construido. Ya hasta te la crees.
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