Estoy parado aquí, en el apasionante y a veces decepcionante beisbol de la vida.
Llevo cuatro 4 innings recibiendo la tabla pareja. Este equipo de la existencia es lo que llaman un carro de leña. Puro negro que se crió jugando chapita y pelotica 'e goma.
Y al bate, haciéndole swing a la piñata. El amor me dejó claro y sin vista con dos knuckleballs y después la recta por todo el centro de la mitad del medio.
A la defensiva sin estrategia, sin timonel, frente a una vida que sabe mucho de contacto; que me roba todas las bases. Que me arma un squeeze play inesperado. El flaco habilidoso que saca el cuerpo ante un pitcheo pegado para sacar un golpeado y llegar a primera. El mal movimiento que hace que me canten un balk justo cuando está bateando el pitcher y uno cree que las cosas no pueden ponerse peor.
La parte alta del quinto inning. Las bases llenas y el cuarto bate parado en la lomita con tres bolas. Sentí ganas de tirar la bola y echar tierrita. Pero recordé a aquel sabio hombre que dijo "no se termina hasta que se termina". Ahora vamos a comenzar con el wind up. Después veremos.

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