Hasta hoy me importó la vida. Esta vida que llevo. Esta que nunca quise. Esta que me inmoviliza, que me hace dormir 28 horas un fin de semana y deprimirme tanto, cuando se supone que los fines son para descansar y mandar todo a la mierda.
Hasta hoy me importó la vida. Esta vida llena de impases. De malos entendidos. De almuerzos de domingo que nunca quiero. De despertarme hoy y no tener un sólo número de teléfono para llamar a alguien y poder acordar una cita para hablar de mariposas, beisbol, mampostería o de cualquier cosa que no sea la maldita política y los malditos muertos del fin de semana.
A partir de mañana, todos mis actos serán una preparación para el verdadero y máximo objetivo. La muerte.

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