No pierdo la esperanza de escuchar algún día la auténtica canción. La canción que puede ser feliz, o quizás tener algunas estrofas tristes. La que sueña en una cadenza de guitarra evocadora. La canción donde tú eres la protagonista, tu cabello es arpa y tu voz es clarinete. La canción con una melodía de laud tañendo el amanecer, haciendo que todo sea música.
No pierdo la esperanza de escuchar algún día la auténtica canción. La canción que no tiene género, que no tiene idioma. La que cuenta con el silbido de un oboe lacónico cómo un hombre simple supera sus tribulaciones con la sonrisa y el trabajo duro del día a día, no para ser el más rico o el más grande, sino para hacer de una melodía mágico elixir de vida, para hacer que todo sea música.
No pierdo la esperanza de escuchar algún día la auténtica canción. La canción que convoque a los pesares y los fracasos. La canción que enseñe que cada dolor es un violoncello que arranca vibraciones para perfumar el pensamiento en cada compás de la existencia. La canción que no haga renegar de lo malo, sino a hacerlo patrimonio, colección de paréntesis sonoros, para hacer que todo sea música.
No pierdo la esperanza de escuchar algún día la auténtica canción. Sigo transitando el horizonte con la guitarra lista, susurrando aquel rumor que me trajo a la alameda alguna vez.

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