Hoy el mediodía estuvo lluvioso,
terriblemente oportuno para almorzar y burlarse de la suerte de
sentirse absolutamente solo, de sentir el terrible golpe que tan sabiamente sabe asestar el abandono aun en medio de un salón tan concurrido
y ruidoso.
Pero en un mundo tan lleno de máscaras,
falsas sonrisas y tristes apariencias, no existe persona que entienda
la verdadera naturaleza de la soledad.
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