viernes, 9 de septiembre de 2011

Una sonrisa puede cambiar al mundo


pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.
Pablo Neruda


Presencié hace algunos días cómo una simple sonrisa puede ser el antídoto más efectivo a esa desgracia cotidiana A esa terrible flojera con la que me levanto tantas veces a enfrentar la sucesión de hechos triviales que  llaman vida. Y sí, el epígrafe es de un poema trilladísimo, que viene en uno de los libros más trillados de la poesía latinoamericana: Los versos del capitán;  pero me exime de más explicaciones a lo que quiero expresar ahora. Así que los intelectuales de cafetín pueden irse a sus antros a rascarse las pelotas con sus poetas que requieren cuatro postgrados en semiótica y filología para medio entenderles un haikú.

No sé por qué razón, quizás por algo de hastío en el trabajo y estar un poco a la deriva en cuanto a las objetivos en la vida, esta semana arranqué con el pie izquierdo. Fue una semana de mala cara y peor dormir. Con un pésimo humor que a lo mejor proyecté hacia otras personas en el trabajo, lo cual lamento mucho, y quiero ofrecer mis disculpas a quienes haya afectado de alguna manera, porque es algo de ética que uno no debe llevarse los problemas personales al lugar a donde uno está cumpliendo con las obligaciones laborales. Fueron unos días pesados, en los que sencillamente deseé no existir.

Hasta que... ocurrió esa grandiosa revelación espiritual. Creo que ocurrió cerca a la hora del almuerzo. Fue con una muchacha que quizás trabaje en el lugar donde yo trabajo o quizás no, pero que para efectos de preservar su identidad, llamaremos Florecita.  Digamos que ella es una de esas personas que le caen bien a todo el mundo, porque suele proyectar bastante alegría. Quizás a veces sea un poquito estridente, pero su personalidad es arrolladora. Es simplemente maravillosa. Ese tipo de mujeres que no necesitan ser modelos para ser bellas. Por eso digo que Florecita es maravillosa.

Bastó con el reglamentario buenas tardes, qué tal cómo has estado, etc, etc. para descubrir que tras la fríaldad de esos hábitos sociales a veces se puede esconder una gran sonrisa, que puede parecer un sol, un amanecer que se cuela entre los jabillos, o quizás el arrebato violeta de una amatista rutilante, o simplemente una vaharada de esperanza que borra todas las miserias de este mundo como dice una vieja canción de Yordano. Una sonrisa que puede hacer que el resto de mi día sea, cuando menos, un poquito mejor. Una sonrisa que puede retornar algo de fe en lo que soy. Una sonrisa que puede cambiar la historia. Por eso digo que Florecita es maravillosa.

 Por eso digo que una sonrisa puede cambiar al mundo. Por eso digo que Florecita es maravillosa.

Y por cierto, a Florecita le queda muy bien el color azul.
 

3 comentarios:

Patty dijo...

Que bonito :)

Anónimo dijo...

de todas la flores que existen, que nombre le pondrias a esa Florecita que te destelló con su hermosa sonrisa

Anónimo dijo...

Ayyy será Margarita, será Rosa o será Camelia?... Adivina adivinador.